Un equipo de investigación biomédico de la American Technion Society ha conseguido desarrollar una nueva “piel sintética” capaz de realizar gran parte de las “mediciones” que, de manera natural, llevamos a cabo todos los animales a cada momento: temperatura, humedad y presión.
Una de las consecuencias de la pérdida de alguna parte del cuerpo por cuestiones médicas -operaciones o amputaciones- es que también se pierde sensibilidad. En concreto, toda la que analizamos a través de la piel, y que nos da una valiosa información sobre el ambiente: temperatura, humedad y presión. Por eso desde hace mucho tiempo se vienen desarrollando técnicas para suplir esta pérdida. Hasta ahora no habían tenido mucho éxito, pero esto ha cambiado con un descubrimiento reciente.
Un equipo de investigación biomédico de la
American Technion Society ha conseguido desarrollar una nueva
“piel sintética” capaz de realizar gran parte de las “mediciones” que, de manera natural, llevamos a cabo todos los animales a cada momento.
En concreto se trata de la
temperatura, la humedad y la presión, a la que generalmente llamamos
“tacto”. Gracias a estos parámetros regulamos la temperatura del cuerpo, la sudoración, nos aseguramos de que estamos agarrando algo con la fuerza necesaria, y muchas otras cosas.
Y no sólo eso. Ser capaces de percibir todas estas cosas ayuda a que las personas que han sido amputadas se sientan más cómodas. Pero no sólo ellos. El tejido que recubre las cicatrices tampoco es capaz de relacionarse con el medio de la misma manera que la piel normal, y con este
nuevo producto sintético se podría recuperar la sensación normal.
¿Cómo han conseguido fabricar un tejido con estas características? Hasta ahora las
pieles artificiales eran capaces de transmitir la sensación de presión, pero únicamente en rangos muy limitados. El cambio está en los productos que se utilizan, y en cómo se han diseñado.
Esta piel sintética, llama
e-skin (de
electronic skin, piel electrónica en inglés) está formada por dos compuestos. En el centro de la estructura se encuentra un
ión de oro, rodeado de lo que los científicos llaman
ligandos. Estos ligandos están formados por plásticos PET (Tereftalato de polietileno), el mismo con el que se fabrican las botellas de agua mineral y las de refrescos.
Esta forma molecular es la que le proporciona algunas de sus mejores cualidades. Por la forma de fabricación, se habla de
“construcción en monocapas de nanopartículas”. Simplificando mucho, esto quiere decir que se crean capas muy finas de este tejido, y luego se ponen una encima de otra. Cada capa es independiente, pero se relaciona y conecta con la superior y la inferior.
De momento hay dos cuestiones que quedan por solucionar antes de comenzar a utilizar este nuevo compuesto. Comparado con otras pieles sintéticas, se trata de un
tejido rápido, fácil y barato de fabricar. Pero al llevar oro, se encarece el proceso. Es más barato que otras soluciones, pero no está al alcance de cualquiera.
El segundo es que, de momento, no se ha podido emplear en
prótesis médicas. El problema está en la forma de recubrir los miembros prostéticos de manera que la piel sintética no afecte a los movimientos de las prótesis pero que siga funcionando. Las pruebas que se han hecho no han tenido éxito, pero han servido para avanzar bastante.
Como detalle curioso, este tejido que se pensó y fabricó para prótesis puede tener utilidades mucho más amplias. Ya se está trabajando en la forma de acoplarlo a construcciones como puentes y edificios. A fin de cuentas, las medidas de presión, temperatura y humedad también son muy importantes en estas infraestructuras, y tener una capa de la edificación que lo pueda medir los hará más resistentes y duraderos.
José de Toledo. Biólogo, educador ambiental y divulgador científico.